La Bifurcada supo ser una compañía próspera que durante varios años pudo darse el lujo de no hacer malabares en el cierre del balance. La habían fundado cinco amigos hace poco más de una década; Martín, Laura, Micaela, Esteban y Rodrigo. El emprendimiento inició como una simple mueblería de barrio, que al principio vendía a amigos y familiares que compraban más por compromiso que por fe en la calidad de los productos. Tras unos años de buenas gestiones y bastante suerte, La Bifurcada se convirtió en distribuidora de varias oficinas corporativas y diseñadora de muebles exclusivos para los clientes de gustos más refinados. Ante tal perspectiva de éxito, a los amigos no se los comió el anhelo de poder ni la avaricia, y supieron combinar las peripecias del trabajo con el vínculo que los había unido mucho antes de ser colegas. Para no aburrirnos ni perder tiempo en relatar la inevitable y sostenida decadencia de la empresa, diremos solamente que esa noche se habían reunido los cinco para di...